
La citro ha sido mi compañera inseparable, está conmigo hace varios años, se llama "Dulcinea".
Dulcinea nació en Francia en 1980 es una clásica Citroneta 2 CV6, tiene más de veintiséis años andando y está impeque.
Da gusto manejarla, su motor es una maravilla, es de una simpleza inigualable, nunca me falla.
A veces cuando le da la tontera, se pone medio mañosa y le da la pana, empiezo a dialogar con ella para que parta, primero en buena y hasta le canto, luego llega el momento en que la maña se apodera de ella y bueno, le abro el capó, le muevo un poco los cables y parte, felizmente seguimos el viaje.
Mi Citro es noble, fiel, económica y muy aperrada, me lleva a todo Chile, si quiero.
Sus amortiguaciones son tan ricas, que a veces corro el peligro de quedarme dormida por las noches cuando regreso a mi hogar y ahí aparece mi ángel guardián.
Además de ser mi amiga, en varias ocasiones se ha convertido en mi casa, mi escritorio y un lugar cálido donde me refugio.
Importantísimo, ella es mi instrumento de trabajo, la uso todo el día, me recorro Santiago dos o tres veces al día y ella no me pide tanto, la lleno con unas poquitas lucas no más. Cuando estoy montando alguna obra de teatro, la escapoto y llevo las luces, sonido, vestuario, utilería y filo con los fletes. Es muy linda!
Recibe todo el día piropos, le dicen una cantidad de cosas bonitas, que cualquier penita o mal rato que paso se me quita en un instante por los comentarios tan cariñosos.
Estoy muy agradecida de tenerla junto a mí.
No me imagino sin ella, es parte de mí, es mi niña regalona.